Xoloitzcuintle y temazcal en la medicina mesoamericana: lectura etnohistórica del eje frío–calor
En diversas tradiciones mesoamericanas, la salud puede entenderse como un equilibrio dinámico entre el cuerpo, la comunidad y el orden del mundo. Dentro de ese marco, el eje frío–calor organiza diagnósticos y tratamientos: “enfriamientos”, “aires” o dolores crónicos se abordan mediante recursos de calor y prácticas de restitución.
El temazcal/temazcalli se describe como baño de vapor con dimensiones terapéuticas y rituales. Su arquitectura (cámara oscura, acceso bajo, calor y humedad) suele interpretarse como experiencia de “regreso” y “salida”: ingresar para depurar y reemergir renovado.
Termoterapia intensa + vapor: catarsis, circulación, depuración.
Útero / cueva / umbral: volver para renacer.
El xoloitzcuintle aparece como compañero terapéutico por contacto: su piel desnuda facilita la transferencia de calor (no necesariamente “más temperatura”, sino mejor conducción). Ese calor suave encaja con padecimientos asociados al frío y convalecencias.
En el plano mítico, el xolo se asocia al tránsito al Mictlán: guía, cruce de río, acompañamiento del alma. En esa lectura, el xolo no solo “calienta”: también custodia umbrales.
Aunque la evidencia directa de uso simultáneo (xolo dentro del temazcal) no es concluyente, la lógica del eje frío–calor permite proponer un modelo de dos fases: